Esta es la historia de por qué existimos. No empieza con una idea de negocio. Empieza con una sala de espera.
Lo que veíamos
Era el año 2022. En Colombia, una persona a la que le formulan un medicamento por su EPS o su IPS tiene que desplazarse hasta un punto de dispensación para reclamarlo. Suena simple. No lo es.
Lo que veíamos era esto: gente que hacía todo el viaje sin saber si el medicamento estaba. Llegaban. Esperaban horas sentados en una silla. Y cuando por fin los atendían, escuchaban tres palabras:
«No hay medicamento.»
Y les tocaba devolverse. Sin el medicamento, sin el dinero del pasaje y sin saber cuándo volver.
El dolor de verlo
Podríamos contarlo con cifras. Pero lo que nos movió no fueron las cifras.
Fue ver a ancianos que viven solos, sin nadie que los lleve, sin plata para el transporte y enfermos —que es precisamente por lo que necesitan el medicamento—, haciendo el viaje una y otra vez. Personas que ya no caminan bien, subiéndose a un carro que pasa una vez al día, para llegar a preguntar si esta vez sí llegó lo que llevan meses esperando.
Fue ver a mujeres con hambre, que tenían que escoger entre el pasaje para llevar a su hijo al médico o la comida de ese día. Y que a veces gastaban el pasaje para volver con las manos vacías.
Fue ver a personas con discapacidad y con problemas de movilidad, para quienes cada desplazamiento cuesta el triple, obligadas a repetirlo solo para confirmar una ausencia.
Eso no es una ineficiencia del sistema. Es una persona enferma gastando lo que no tiene para recibir una mala noticia que le pudieron haber dado por teléfono.
La pregunta
Nos hicimos una pregunta que, una vez te la haces, ya no se te quita de la cabeza:
¿Por qué una persona tiene que viajar y esperar horas para obtener una información que podría consultar antes, desde su casa?
La información ya existía. Estaba en un inventario, en un sistema, en un computador. Solo que no estaba donde tenía que estar: en las manos de la persona, antes de que saliera de su casa.
Así nació Mi Medicamento
Mi Medicamento hace una cosa, y la hace bien: le dice a una persona si su medicamento está disponible antes de que se desplace.
Si está, puede separarlo o solicitarlo con antelación, y el viaje vale la pena.
Si no está, la persona deja registrada su necesidad sin moverse de su casa. Y cuando el medicamento llega al punto de dispensación, el sistema le avisa. Ya no tiene que ir a preguntar: le avisan.
El aviso llega como la persona pueda recibirlo
Aquí está una de las decisiones más importantes que tomamos. No todo el mundo tiene un teléfono inteligente. No todo el mundo tiene internet. Alguien puede no tener WhatsApp ni correo electrónico, pero sí contestar una llamada.
Por eso la notificación puede llegar por mensaje de texto, llamada telefónica, WhatsApp o correo electrónico, según lo que cada quien pueda usar.
La tecnología se adapta a la persona. No al revés. Una solución que solo funciona para quien tiene un buen celular y buena señal deja por fuera justo a quien más la necesita.
Pensado para el campo, no solo para la ciudad
En el campo, el acceso a un medicamento no depende solo de que haya existencias. Depende de la distancia. Del transporte que pasa a una hora y no a otra. De lo que cuesta ese transporte. De la edad de quien tiene que viajar. De si puede caminar. De si tiene con qué.
En las ciudades el problema también existe —aglomeraciones, desabastecimiento, filas—, pero en lo rural el mismo problema pesa el doble. Mi Medicamento se diseñó teniendo eso en cuenta desde la primera línea de código.
Y el siguiente paso: que el medicamento llegue a la casa
Estamos trabajando para que ciertos medicamentos puedan llegar hasta la puerta del hogar, mediante domiciliarios independientes o logística de bajo costo. Para quien no puede salir, esa es la diferencia entre tener tratamiento y no tenerlo.
San Pablo de Borbur: donde dejó de ser una idea
Una plataforma vale lo que vale para la gente que la usa. Por eso en San Pablo de Borbur, Boyacá, operamos Mi Medicamento sin ningún costo para la comunidad.
No es un piloto comercial. Es un municipio real, con distancias reales y con personas que antes hacían el viaje a ciegas. Ahí aprendemos, ahí corregimos, y ahí confirmamos que valía la pena.
Nominados a Titanes Caracol
Ese trabajo nos llevó a ser nominados a Titanes Caracol, el reconocimiento a quienes transforman la vida de sus comunidades en Colombia.
Lo agradecemos. Pero el reconocimiento que de verdad buscamos es otro: que un señor de ochenta años no tenga que hacer el viaje dos veces.
Escúchalo de quienes lo viven
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¿Y si sus afiliados no tuvieran que hacer ese viaje?
Si usted dirige una farmacia, una EPS, una IPS, un hospital o una alcaldía, puede darle este beneficio a su población.
No hace falta cambiar el sistema que ya tiene. Mi Medicamento se integra con su software de inventario para consultar y actualizar la disponibilidad, y trabaja con estándares como los códigos CUM. Sus regentes mantienen la información organizada; sus usuarios dejan de viajar en vano.
Cuéntenos cómo funciona hoy su dispensación y le decimos con franqueza si podemos ayudarle.

